Se reconoce el derecho a una indemnización por daños morales debido a la exposición prolongada de ruidos de nivel excesivo.

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La Sala de lo Penal del TS, sentencia 557/2015, de 6 de octubre de 2015, confirma la sentencia dictada por la Audiencia Provincial de Cuenca, que condenó por delito contra el medio ambiente en su modalidad de contaminación acústica, a una mujer que arrendó un disco-bar entre 2002 y 2007, poniendo la música a un volumen que superaba el límite máximo legal de decibelios permitido y, en consecuencia, confirma la indemnización por daños morales en favor de las víctimas del mismo.

Lo llamativo se esta sentencia es que el derecho a la indemnización procede por el hecho de haber incurrido en un delito contra el medio ambiente, sin que sea necesario que se constaten daños físicos, basta que exista la posibilidad de producirlo: “El delito se consuma con la infracción de las normas protectoras del medio ambiente con afectación potencial del mismo, surgiendo la cualificación si el riesgo de grave perjuicio pudiera repercutir en la salud de las personas, como es el caso”.

En este supuesto el informe pericial no pudo evidenciar que los daños físicos padecidos por los habitantes de la vivienda eran causados por el ruido emitido por el local vecino, sin embargo lo que si se constata es que por su historial médico, no padecían con anterioridad esas patologías y que el ruido constante a nivel excesivo es susceptible de provocarlas.

Por ello, el TS argumenta la procedencia de la indemnización del daño moral en su Fundamento de Derecho Primero:

« 3.(…) Ante el propósito inequívoco de la recurrente de negar cualquier relación de causalidad entre el nivel de ruido soportado por los querellantes y los problemas físicos detectados, lo único que se acredita para justificar la indemnización por daños morales es que la exposición prolongada a un alto nivel acústico produce en las personas patologías idénticas o similares a las padecidas por los afectados, según los hechos probados (hipertensión arterial, cansancio, trastornos ansiosos depresivos, hipoacusia neurosensorial bilateral, arritmia cardíaca, etc.).

Respecto de las personas responsables, no se imputa responsabilidad penal sobre el propietario del local desde el cual se emitía el alto nivel de ruidos pues se comprobó que atendió con diligencia los requerimientos de insonorización del local y la colocación de limitadores de sonido en los aparatos de música. Siendo así que el TS reconoció como exclusiva responsable, del buen o mal uso de los aparatos de sonido, únicamente a la persona que explotaba y regentaba el local.

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